1.- Trauma, violencia, resiliencia, mundo civilizado y maltrato psicológico.
2.- Re-victimización, re-traumatización, “cuando lo que
debe restaurar, daña”.
Parte 1.-
A través del diagnóstico de Trastorno por Estrés post traumático
(PTSD son sus siglas en inglés) retorna a nuestro campo psi, tanto para
psicólogos y psiquiatras el “Trauma”, concepto que ha sido
estudiado por algunos de nosotros ligado a las series complementarias o bien
a la etiología de las neurosis o del comportamiento. Esta reincorporación
data de 1980, pero es en 1994 con el DSM IV que el foco se coloca en la reacción
de la persona ante la situación traumática y no en el grado o
intensidad del hecho traumático. La situación pasa a ser “potencialmente
traumática”, será el sentido otorgado por la persona el
que dará la posibilidad de padecer trastornos o no y dará la intensidad
o poder a la situación en sí. En el caso de los considerados “microtraumas”
cotidianos, sistemáticos, repetidos a lo largo de un tiempo significativo
para la persona, como puede ser el acoso psicológico, la influencia de
estos hechos hostiles, denigratorios, y muchas veces difamatorios son los que
van minando poco a poco cualquier fortaleza, así como también
van quitando la elasticidad necesaria para responder en forma resiliente.
El no estar de acuerdo con la violencia en cualquiera de sus manifestaciones
es que nos hace más vulnerables a sus efectos. Allí encuentro
una susceptibilidad que reduce la resiliencia o la vuelve ineficaz. Reduce la
capacidad de encontrar habilidades para el afrontamiento del maltrato especialmente
laboral . Otro elemento que atenta contra nuestra resiliencia es estar bajo
los efectos del “burnout”. Estado que nos vuelve susceptibles, vulnerables
en alto grado, ya que el agotamiento, el cansancio emocional, mental y físico
colocan en una posición desventajosa a la persona a ser victimizada.
El burnout incluye la ausencia de los logros, como también la caída
de los idealismos, de las ilusiones.
La psicoeducación es fundamental para alertarnos contra el “burnout”,
también lo es para prevenirnos ante el acoso u hostigamiento moral. Es
necesario contar con información objetiva, indudable, aunque no es suficiente.
No estoy segura que la prevención basada en la psicoeducación
rescate a la mayoría de los afectados por el “maltrato laboral”,
aún así apostamos a pensar que… “El conocimiento es
el primer paso hacia el cambio”.
Visibilizar situaciones rodeadas de silencio, encubiertas, develar aquello oculto
por ciertos intereses, que luego de intentar comprender las nuevas configuraciones
subjetivas de la exclusión social pintadas por Eduardo Pavlovsky, se
entienden, aunque no se pueden justificar. En un artículo publicado en
Página 12 dice”… En 1990 la ciudad de Chicago (EE.UU.) registraba
849 asesinatos, uno cada 28 horas por 100.000 habitantes. El 40 por ciento de
las víctimas son menores de 21 años. La mayoría de las
víctimas residen en los seis distritos policiales correspondientes a
los barrios del cinturón negro. El 80 por ciento es de origen afro americano.
Loic Wacquant –del equipo del sociólogo francés Bourdieu
– establece que recientes trabajos epidemiológicos sugieren que
los varones negros jóvenes tienen la probabilidad de sufrir una muerte
violenta que es superior a los soldados enviados al frente en el punto culminante
de la guerra de Vietnam. La miseria aplastante de este enclave, vaciado de toda
actividad económica y del que el Estado –con excepción de
sus componentes represivos – virtualmente se ha retirado, son algunas
de las causas fundantes del deterioro social. El agotamiento de todo tipo de
inversiones –el retiro del Estado – y la pérdida de los puestos
de trabajo en forma acelerada han sumido al ghetto en un verdadero estado de
postración social (“sálvese quien pueda”). Según
los autores de la investigación, sería un error diagnosticar al
hustler como personaje exótico o marginal o merecedor de un análisis
en términos de delincuencia. Es por el contrario una figura genérica
que ocupa un lugar central en el espacio social del ghetto norteamericano. No
sólo no es “raro”, sino que reúne ejemplarmente un
repertorio de propiedades y conductas valoradas en el ghetto. La “inteligencia
callejera” de los hustler es el único bien otorgado a todos, que
hace más soportable la atmósfera opresiva de todos los días.
El hustler es el efecto de llevar al extremo una lógica de exclusión
socioeconómica y racial que afecta a todos. Sugieren los investigadores
que hay que evitar dos tipos de lecturas posibles: la que se conmueve y compadece
del espectáculo de la miseria y la lectura populista que podría
ver el fenómeno hustler como una estrategia heroica de “resistencia”,
lo que en el fondo no es sino una táctica económica de autopreservación
frente a un orden de dominación tan brutal y despiadado, y lo que es
peor, en última instancia ya no se lo percibe (al orden) ni se lo cuestiona
como tal. Al ser la exclusión parte del orden de las cosas, se produce
un fenómeno de privación de la conciencia de la exclusión.
En esta situación de “guerra de todos contra todos” generalizada
y constante, siempre se termina sospechando que las solidaridades más
firmes son interesadas, “cómo no van a serlo en un universo en
el que cualquiera puede enfrentarse, en todo momento, a la elección entre
engañar o ser engañado, matar o ser muerto”. De estas condiciones
excepcionales de exclusión social, surge el hustler como formando parte
natural, obvia y necesaria del ghetto norteamericano. El capitalismo, como forma
de saqueo, está produciendo nuevas conductas sociales de alto nivel de
complejidad. El hustler es uno de ellos.
...El doctor Ángel Fiasché señala que la “esquizo
afectividad”, (“vengo a la consulta, doctor, porque ya no puedo
sentir nada”) es un síndrome bastante común entre los yuppies
norteamericanos, que se han acostumbrado a escalar posiciones rápidamente
al precio de una disociación afectiva alarmante; y dentro del “Tercer
Mundo”, los “niños viejos y sin infancia” son otro
efecto de las economías de exclusión tercermundistas. Nuevas subjetividades
sociales inauguran el fin del milenio. Habrá que pensar nuevos modelos
para pensarlas.”...
Ya los psicópatas son un desafío para la salud mental, ahora deberemos
pensar en estas nuevas figuras productos de la exclusión social que se
añaden al anterior desafío. Una forma de “estas nuevas conductas
sociales de alto nivel de complejidad” son los llamados “jefes tóxicos”
en el ámbito laboral, que también se los sufre en el ámbito
profesional.
En “El Comercio” del 16 de junio último, ha sido publicado
que el Profesor Juan José López-Ibor, durante una Conferencia,
indicó que el ser humano tiene mucha capacidad de violencia y agresividad
y alertó sobre el aumento de las enfermedades mentales. En diez o veinte
años, habrá muchos más casos de depresión, estrés
y ansiedad que cánceres de pulmón. Los grandes cambios sociales
disparan las patologías mentales.
Lo citado en el artículo del Dr. Pavlovsky da cuenta de situaciones que
guardan semejanza con nuestra población urbana y al auge que ha tomado
el tema del hostigamiento que es digno de ser escuchado y compartido.
Leyendo a José Luis González de Rivera , encuentro en la introducción
de su libro “El Maltrato Psicológico” que sorprende ahora
justamente que “… la democracia ha posibilitado nuevas condiciones
de progreso y de libertad … el auge en todo el mundo civilizado de esta
enfermedad cultural insidiosa, que se cobra más víctimas cada
año de lo que podemos imaginar, …que es …causa importante
de sufrimiento humano, de pérdidas económicas y de malestar social….No
es que las nuevas condiciones políticas y económicas sean malas,
todo lo contrario. Sin ellas no existiría el acoso tal como lo entendemos
hoy en día, sino la esclavitud, la eliminación pura y simple del
adversario, el dominio total y descarado del fuerte sobre el débil.
...El acoso se ha hecho necesario porque, en la mayor parte del mundo civilizado,
las antiguas fórmulas de dominio ya no sirven, y el poder ha de ocultarse
para seguir ejerciéndose.”
Parte 2.- Re-victimización, re-traumatización, “cuando
lo que debe restaurar, daña”.
Desde la victimología y la Declaración sobre Principios Fundamentales
para las Víctimas del Delito y Abuso de Poder se ha definido a la víctima
como toda persona que individual o colectivamente haya sufrido daños,
inclusive, lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida
financiera o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia
de acciones y omisiones que violen la legislación penal, incluida la
que proscribe el abuso de poder.
Dentro de esta nueva disciplina se conoce como victimización primaria
las consecuencias que sufre la víctima directa de un crimen, victimización
secundaria se le llama cuando hay sufrimientos producidos a las víctimas,
a los testigos y mayormente a los sujetos pasivos de un delito inferidos en
las instituciones más o menos directamente encargadas de hacer justicia:
policías, jueces, peritos, criminólogos, funcionarios de instituciones
penitenciarias, etcétera". La estigmatización que la sociedad
realiza luego sobre la víctima se conoce como victimización terciaria.
En los casos de hostigamiento laboral, se dan los tres tipos de victimización,
en la victimización secundaria se incorporan los agentes de salud intervinientes
desde el desconocimiento tanto de la temática y otras veces en cuanto
a la terapéutica. El desconocimiento trae aparejado los diagnósticos
apresurados por un lado y por otro, algo aún más severo, que es
el dudar de sí mismo, dudar de las propias percepciones, el sentirse
solo ante un maltrato que los otros no perciben, y tanto el médico laboral
como quizás su propio clínico no dan la respuesta adecuada.
Gisela Perren Klingler , experta en ayuda psicológica en incidentes
críticos sostiene que…“Las situaciones de violencia más
o menos extrema, requieren un enfoque psicológico diferente al tradicional
y ante todo integrador y reconciliador, con el fin de evitar a las víctimas
de cualquier tipo de suceso traumático, una posible agudización
de las reacciones….
Agudización, en el caso de una mala praxis, y profundización con
incremento de la severidad en el caso de la re-traumatización por ignorancia
e indiferencia.
Es imprescindible destacar que se trata de una disciplina muy nueva y con pocos profesionales entrenados en psicotraumatología. Y los que existen están más cerca de las situaciones de catástrofe, terrorismo, guerras, incendios, inundaciones que afectan a un colectivo significativo de personas por su número. El abuso de poder, el maltrato psicológico, la denigración, todo lo que ya conocemos cuando de acoso laboral se habla, también espera ser atendido con la idoneidad, respeto, consideración, comprensión que han demostrado nuestros profesionales ante las catástrofes colectivas