En un pequeño pueblito, dos hombres tuvieron un diferendo
y una acalorada discusión, por lo cual llevaron su caso
ante un sabio para que de su opinión.
Después de escuchar a una de las partes, el erudito movió
su cabeza afirmativamente y le dijo: "Vos tenés razón".
Inmediatamente la otra parte intervino: "Espere hasta que
escuche mi versión de los hechos". El sabio atendió
al relato y le expresó al segundo hombre: "Vos tenés
razón". Luego de lo cual, ambos visitantes se retiraron.
La esposa del sabio, que había escuchado la conversación,
lo encaró diciéndole: "Si le vas a dar la razón
a ambas partes en un conflicto, nadie más vendrá
a consultarte". A lo cual el sabio respondió: "Vos
también tenés razón".
Es natural que cada uno crea que tiene razón. Es habitual
por lo tanto que haya diferencias de perspectivas e interpretaciones
y ocasionales conflictos. Ocurre en las relaciones familiares
y amistosas, en el mundo laboral, en la sociedad.
En ocasiones el tema es claro. Es cuando vemos o nos enfrentamos
con personas – figuras nacionales o simples conocidos nuestros
- que se caracterizan por engañar o intentar manipular
a otros sistemáticamente, por su conducta inmoral, por
su deshonestidad, o por sus rasgos psicópatas. El que engaña
intencional y habitualmente para lograr algo o construir cierta
imagen ante otros, el estafador y el estafado, el violador y su
víctima, el que ejerce violencia física - que no
es en defensa propia - sobre otro, no tienen una parte de la razón
cada uno.
Pero no debemos perder de vista que en otras circunstancias,
los hechos tienen diversas perspectivas posibles. Y todas ellas
pueden, a veces, tener una parte de la verdad. Esta, no es siempre
una cuestión de blanco o negro, sino más bien una
infinita variedad de grises.
Sería prudente que antes de descalificar a la ligera la
opinión de nuestros seres queridos, amigos o conocidos,
recordemos que su perspectiva también puede contener algo
de la verdad.