Un buen día llegó a un lugar donde ardían
una innumerable cantidad de velas de aceite. Estas se encontraban
cuidadas por un anciano que, ante la curiosidad de este individuo
respondió que ese era el lugar de la absoluta verdad. Aquél
le preguntó que significaban sus palabras, a lo cual respondió
que cada vela reflejaba la vida de cada individuo sobre la Tierra;
a medida que se consumía el aceite, menos tiempo de vida
le quedaba. Aquél le preguntó si le podía
indicar cuál era la de él.
Al descubrir que la llama estaba flaqueando, a punto de extinguirse,
aprovechó un instante de distracción del anciano
y tomó la vela de al lado para verter un poco de aceite
de ésta en la suya. Cuando estuvo a punto de alzar la vela,
su mano fue detenida por la del anciano diciendo: Creí
que buscabas la verdad”.
No importa lo bien que nos haya ido en el último tiempo,
no importa la felicidad, salud o riqueza que tengamos, en algún
momento de nuestra existencia nos descubrimos buscando un sentido
más profundo a la vida. Esta búsqueda que hacemos,
debe emerger desde el corazón y abarcar a todo nuestro
ser y requiere de nosotros honestidad y compromiso. Nuestra actitud
hacia ella es un mensaje que representa la meta que deseamos alcanzar.
Cuando sintamos que nos llegó el momento de emprender
este sorprendente viaje y queramos encontrarnos con la llama que
alumbra nuestra existencia, intentemos hacerlo con el fin de consagrar
el aceite que aún queda en nuestro recipiente…