El calor del hogar

Hubo una vez un invierno tan duro, que los pobres sufrían más que de costumbre. Para ir en busca de ayuda a lo del único hombre rico del pueblo, hombre famoso por su avaricia, el guía espiritual eligió una de las noches más frías. Golpeó la puerta y el ricachón mismo salió a abrirle. Era la única persona del poblado que en una noche así solo vestía una camisa, de tan calefaccionada que estaba su casa.

- Entre, pase, en casa va a estar más abrigado – Invitó a pasar . – No, no vale la pena, es sólo un minuto, respondió el líder espiritual y entabló con él una larga conversación preguntándole por cada uno de los miembros de su familia, mientras el hombre tiritaba ante la puerta abierta. A cada momento volvía a rogarle al lider espiritual que entrara, pero éste persistía en su negativa.

- ¿ Y, cómo le va al primo de su cuñado, que dejó la ciudad? Seguía con su charla.

El hombre rico estaba azul y no soportaba más el frío, de modo que preguntó finalmente: - ¿Cuál es el motivo de su visita?

- Vine a pedirle dinero para comprar carbón para los pobres del pueblo.

- Bien, y ¿Por qué no entra y hablamos al calor del hogar?

- Es que si entramos a su casa a sentarnos al lado de la chimenea a disfrutar del calor, cuando yo le explique que los pobres sufren frío usted no va a entenderlo. Pero en cambio, ahora, que usted siente el frío en sus propios huesos, si yo le digo que los pobres sufren frío, va a comprenderlo mejor ¿No es cierto?

La suma entregada por este hombre alcanzó para que en ninguna casa del poblado faltara leña en todo ese invierno.

Disfrutemos del calor de nuestro hogar, valoremos cada cosa que tenemos, e intentemos dar de nosotros para que otros también lo puedan hacer.

Relato antiguo.


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Publicado en: 2007-06-03 (9 Lecturas)

 


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